Una chica de ojos color
miel, brillantes como el sol, perfectos, en los cuales podrías perderte horas,
días, semanas y jamás te cansarías. Cabello castaño claro, con pequeñas ondas
que se formaban al final de este. Labios carnosos, de un color rojizo, que la
mayoría del tiempo estaban curvados hacia arriba, formando una hermosa sonrisa
que podría enamorar a cualquiera. Pómulos ligeramente sonrosados.
La chica, caminaba por las calles de Irlanda buscando algún lugar digno de un
dibujo de ella. Digno, de estar en su maravilloso cuaderno, que solo
contenía lo mejor. Estaba de paso en la ciudad, solo buscaba un algo para
dibujar, como en cada ciudad a la que iba. Por lo cual, no tenía muy seguro a
donde se dirigía. Simplemente caminaba, buscando ese algo, que haría que su
corazón se acelerara, ese algo que mereciera el honor de ser plasmado en papel
por aquella castaña, que poseía un talento inigualable.
Sin rumbo, con su cuaderno y lápiz en mano, esperando posar sus ojos en eso que
le interese, la hermosa chica, atenta, busca ese algo. Sin dejar de caminar,
presiente que está apunto de encontrarlo. Sin embargo, nada logra atraer su
atención.
Como es de esperarse, la dueña de esos profundos ojos, no se rinde y sigue en
busca de su algo. Lo siente tan cerca, pero no lo encuentra. ¡¿Dónde está?!
Comienza a desesperarse, está anocheciendo, pronto no tendrá luz para dibujar.
Pronto, tendrá que para de buscar y volver a su departamento, decepcionada,
primera vez que no encontraba su algo, y por más estúpido que suene, la
entristece, enfurece, no poder conseguirlo.
Vuelve a la plaza donde comenzó su búsqueda, y entonces, al levantar su mirada,
su corazón se acelera, sus piernas tiemblan, al igual que sus manos, sus ojos
no pueden apartar la vista ¡Eso es! Encontró su "algo", rápidamente
abre su cuaderno, y en la única página restante que posee su fiel amigo,
comienza a dibujar con ese talento que solo ella posee, no le importa el frío
que comienza a helarle los huesos, no le importa nada.
Encontró su algo, su algo para plasmar en su cuaderno, su algo digno de estar
ente sus maravillosas creaciones y tal vez, digno de estar en su corazón.
Su "algo" no era nada más y nada menos que un "alguien". Un
chico, de ojos azules intenso, que a pesar de que la chica se encontraba a
distancia pudo notar perfectamente, cabello rubio, desordenado pero
perfecto, cuerpo, notablemente trabajado, pantalones color
caqui, camisa roja, sentado al borde de la gran fuente que adorna la
hermosa y gigantesca- y en ese momento prácticamente desierta- plaza, con su
guitarra en mano, aferrado a ella como si de eso dependiera su vida, tocando
una melodía que la chica desconocía, pero era hermosa y deleitaba sus oídos,
mientras cautelosamente pasmaba su hermoso rostro, digno de ser inmortalizado
con uno de sus dibujos.
La chica no tardo demasiado, ya que no quería ser descubierta. Ya retocaría el
dibujo, dudaba que de su mente fuera a desaparecer tal imagen. Debía irse, pero
no deseaba hacerlo, quería quedarse admirando al hermoso chico, que emanaba
pasión al tocar su instrumento, parecía un ángel, un ángel caído del
cielo.
El chico por su parte, sintió que estaba siendo observado, y al levantar la
vista corroboró sus sospechas, una hermosa chica lo observaba fija y
descaradamente. Su corazón se paralizó al ver tanta hermosura en una sola
chica, le sonrío timidamente logrando que la castaña se sonrojara.
"Muy bien hecho ______ te descubrieron" se repetía la hermosa
portadora de esos labios irresistibles que el azulino moría por
probar.
El rubio, lentamente se paró y se acercó a ella, tenía que conocer a esa
castaña, tenía que al menos saber su nombre.
No sabía que le ocurría, el jamás había creído en el amor a primera vista, pero
ahí se encontraba, totalmente cegado por la belleza que emanaba la chica.
-hola- dijo el chico, tímidamente, cuando llego a donde la chica se
encontraba.
-hola- contestó ella, mostrándole una sonrisa, que solo logró enamorar mas al
azulino.
-¿qué hace una chica tan hermosa como tú, sola en esta plaza?- cuestiono él.
-Dibujándote- respondió la chica sin percatarse de la idiotez que estaba
cometiendo hasta que ya estaba dicha. Se arrepintió al instante- No, no quería.
Es decir, yo...- se golpeó la cabeza con su delicada mano, y el rubio soltó una
pequeña carcajada.
-¿Por qué a mí?- cuestionó el portador de esos ojos matadores.
-Porque eres mi algo- respondió _____ confundiendo más al chico.
-¿tu algo?- preguntó curioso.
- Si, cada ciudad que visito tiene un "algo" digno de ser plasmado en
mi cuaderno, tu eres ese algo, así que te dibuje.
-Oh- dijo el rubio sin saber que contestar- Soy Niall.
-_____- contestó ella. Esbozando otra sonrisa.
-Entonces señorita _____- la castaña tomo un color más rosado que de costumbre
en sus pómulos- ¿desea mostrarme sus dibujos?- preguntó Niall.
La chica, dudosa le entregó su cuaderno y el azulino quedo estupefacto al ver
tanto talento. Los vio detenidamente, hasta que llego a la última página. Era
hermoso. Lo había dibujado, tan perfecto, ni una foto hubiera logrado captar al
rubio mejor.
-Es hermoso- dijo sinceramente, la castaña negó con la cabeza.
-Es solo la realidad- contestó y se volvió a arrepentir, debía aprender a
pensar y luego hablar.
Las mejillas del azulino ardieron. Y miró a la chica a sus ojos, después miro
sus labios. ¿Cómo era posible que tuviera tantas ganas de besarla? La chica en
cambio miro la guitarra de él.
-¿tocas?- cuestiono tontamente.
-No, solo la llevo para golpear palomas- respondió sarcásticamente. Ella lo
fulminó con la mirada.
-el sarcasmo esta de mas- dijo "ofendida"
-Lo siento- contestó cabizbajo.
-te perdonaré si me tocas algo- anunció la chica sonriente. Este le sonrió de
vuelta.
-No solo voy a tocarte algo, te voy a cantar-respondió sonriente.
-¿cantas?- volvió a hacer otra pregunta tonta, el azulino iba a contestar, ella
puso su dedo índice en los labios color durazno de él, una electricidad al
tocarlo la invadió causando un escalofrío- ahórrate tus comentarios
sarcásticos.
-Si- dijo lentamente, nervioso por el contacto con la chica.
-Está bien te escucho- dijo ella separándose de él, a él le sorprendió haber
deseado que no lo hiciera.
Comenzó a tocar algunos acordes, para luego acompañar al instrumento con una
voz angelical.
"I've
tried playing it cool, but when I'm looking at you, I can't ever be brave
'cause you make my heart raise, shot me out of the sky, you're my kryptonite,
you keep making me weak, yeah frozen and can't breathe"
La chica, atónita por tan maravillosa voz y sonrojada por el hecho de que la
canción iba a dirigida a ella, pudo notar como el se acercaba.
"Something gotta get loud, cause if not they just don’t make you see that I
need you hear with me now cause you've got that one thing”
Canto peligrosamente cerca de la chica. Mirando
sus labios con deseo, quería probarlos. Quería probar si estaba enamorado. Ella
notablemente nerviosa, estaba paralizada por la cercanía del chico.
"So,
get out, get out, get out of my head and fall into my arms instead, I don't I
don't, don't know what it is but I need that one thing yeah you've
got that one thing"
Y paso, él la beso, sus labios encajaron
como dos piezas de un rompecabezas, hechos uno para el otro. Sintieron algo tan
fuerte que casi dolió, era más que obvio ella era el amor de su vida, ella
estaba hecha para él, se movían a un ritmo lento, como si no quisiera que se
acabara como si quisieran todo en cámara lenta.
Y ella decidió quedarse en Irlanda, para descubrir ese algo que le faltaba:
amor. Niall, era ese algo que podía dibujar cientos de veces y aun así jamás se
cansaría, Niall, era ese algo que no podía dejar de mirar para buscar una
imperfección, era ese algo con el quería llenar miles de cuadernos de dibujo
solo con su sonrisa, sus ojos, su hermosura, pero más importante era
ese algo que quería consigo el resto de su vida.